Cuento Infantil: El destino de un titiritero

cuento infantil El destino de un titiritero

Entre las calles de la abarrotada ciudad, se encontraba un titiritero que apenas tenía para comer, de nombre Armando y origen humilde, trabajaba trasladando cajas de diferentes productos en un centro comercial, desde perfumes importados hasta productos exagerados de la venta en televisión; quería superarse y salir adelante pero entre gastos, crisis y necesidades le era imposible.

En su tiempo libre, a partir de la tarde, presentaba una obra con títeres en la plaza central, con muñecos hechos de fieltros y sobrevivientes ante el paso del tiempo, presentaba una obra para todo público donde la mayoría siquiera se detenía, puesto sólo veían las pantallas de sus celulares, como si estas les hablaran, les controlarán el pensamiento a través de los píxeles. Algunos niños le prestaban atención, se reían y divertían con la función, aunque sus padres buscaran alejarlos de aquel lugar, decían que el tipo estaba loco y olía mal, debía de ser un mendigo más.

Seguía pasando el tiempo y entre Gobiernos, paredes sobresaturadas y asfixiadas de afiches, aumento de la delincuencia e incluso de la demencia, el titiritero seguía igual junto a sus 2 muñecos presentándose en la plaza, aunque la edad le había empezado a pasar factura; sobre todo en el trabajo: ya no podía llevar tantas cajas, algunos lo llamaban karma injustificado. Un día se encontraba presentando otra función, donde incluso no tenía casi voz, había tenido que reducir la obra ante una adaptación de cine mudo donde la mayoría no entendía y donde sólo los niños se reían. Sin esperarlo aquella tarde, llegaron un grupo de maleantes y asaltaron al hombre, destruyeron sus muñecos, lógicamente huyeron mientras le gritaban que era una escoria y un mal de la sociedad. Tirado en el piso por donde todos pasaban se acomodó junto a una columna, ya nada quedaba para él, mejor era esperar que su tiempo pasara, total estaba cansado de luchar.

Se quedó dormido sin darse cuenta y al despertarse junto a él había dos personas, con mucha gente alrededor, cada uno estaba vestido como sus títeres, no lo podría creer, le explicaron al señor que eran hermanos y fueron los niños que había entretenido, la chica y el chico le dijeron que hiciera su función y que simulara que ellos eran sus marionetas. El señor sorprendido, se armó de valor y simuló que eran marionetas presentando la función. Fue un éxito, la gente que pasaba alrededor incluso dejó el celular y se quedó viendo la obra con curiosidad.

Tras aquel día Armando buscó otro trabajo y se superó como nunca lo había hecho, con mucho esfuerzo y dedicación a pesar de la inflación, ahora tenía una compañía de titiriteros que era presentada en orfanatos, colegios y hospitales de niños, había sido difícil para él pero algo debía de cambiar para los demás, ya había suficiente males en la sociedad.

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