Cuento Infantil: ¡Gracias a Margarita!

la-cabra-y-el-zorro

En un bello jardín, lleno de flores multicolores, aromas fascinantes, trinar de muchos pajaritos, sobresalía por todas estas hermosas maravillas, Margarita una flor muy grande, más que las demás, con pétalos blancos aterciopelados, un corazón amarillo, tan brillante como el sol. Siempre estaba sonriente, aún cuando el día fuera frío o húmedo, Margarita no dejaba de reir, de agradecer por todas las cosas que tenía la oportunidad de disfrutar.

En una época del año, el hermoso jardín era acechado por unas plagas. Llegaban esos animalitos marrones, de grandes ojos, que caminan en fila. Su objetivo, conseguir alimento y cómo lo obtenían, comiéndose las flores desde su tallo hasta llegar a la flor. No quedada nada.

Margarita presentía que algo malo estaba por suceder. Reunió a todas las especies bellas y bondadosas del jardín, les explicó lo que sentía. Le escuchaban con atención, porque era tan grande que parecía la reina del lugar. La conclusión es que todos tenían que trabajar juntos para poder combatir a las plagas.

Así fue, de pronto, a lo lejos se veía la larga fila de hormigas que venían por comida. Entonces el topo, por debajo de la tierra, corría abriendo surcos para obstaculizarles el paso. Algunas quedaban, otras seguían. El fuerte viento soplaba para alejarlas hacia otras tierras. Las más fuertes continuaban su camino. El sol brillaba tanto que las cegaba para que se detuvieran. Los pajaritos lanzaban semillas y piedras para desviarlas de su objetivo.

Casi lo lograron, pero siempre llegaron algunas hormigas, entonces la estocada final. Margarita les dio la voz de alto y les pidió permiso para hablarles. Ellas accedieron. Margarita les hizo saber el dolor que cada planta sentía cuando las hormigas por su afán de obtener comida, las comían hasta secarlas y consciente de que todos merecen vivir, les ofreció un ramillete de hojas secas, algunas semillas de polen y uno que otro pétalo que se había caído por la brisa. De esta manera, las hormigas obtuvieron la comida necesaria y el bello jardín siguió vivo y alegre gracias a Margarita.

Add a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *