Cuento Infantil: La estrella de la suerte

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Max era un niño con poca suerte. Cuando nació su madre lo dejó en la puerta de un orfanato. Allí vivió hasta los ocho años, pasó hambre y frio en ese horrible lugar. Todas las semanas recibió golpizas de los niños más grandes. Se sentía débil e indefenso. Cada día miraba por la ventana en las noches en busca de una estrella fugaz, pero nunca veía nada.

Un día pensó que su suerte había cambiado, pues la mujer que dirigía el orfanato le dijo que se iría a vivir con una pareja y 3 niños más. Max pensó que por fin tendría una familia, hermanos con los cuales jugar y padres que lo amarían.

Lamentablemente no era así. Cuando llegó a esa casa, lo pusieron a trabajar duramente en un lavado de autos. Pocas veces le daban de comer y los otros niños lo golpeaban y trataban como un insecto. Un día uno de ellos dijo que solo los tenían allí porque el gobierno les daba un cheque a esas personas por adoptarlos.

Max se sentía desgraciado, no podía creer que su vida fuera cada vez peor. Aun así cada noche seguía buscando esa estrella fugaz y no la encontraba. Un día estaba trabajando y sin querer mojó el asiento de un a auto. El hombre que lo cuidaba le dio un fuerte golpe en la cara por su estupidez. Luego lo llevó a la parte de atrás y lo siguió golpeando hasta que Max casi no pudo abrir los ojos.

Adolorido, Max se puso de pie como pudo y huyó. Se fue de ese lugar y se juró nunca más volver. Poco a poco las heridas fueron sanando y se sentía un poco mejor, se las arreglaba para conseguir comida y dormía en una banca del parque. Así pasó varios meses.

Una noche comenzó a llover y Max se mojó por completo. Hacía frío y apenas pudo encontrar un refugio bajo los árboles. Era invierno, así que esa noche hizo mucho frío. Al igual que al día siguiente y el siguiente. Max comenzó a enfermarse, se sentía tembloroso, le costaba respirar y no dejaba de toser.

Una noche se acostó en el parque muy débil, sintió que este era su fin. Allí moriría en esa banqueta. Mirando hacia el cielo, Max se imaginó que quizás así podría vivir en un lugar mejor. Cuando casi se daba por vencido, finalmente vio la estrella fugaz que tanto había buscado.

Max cerró los ojos y pidió un deseo. Luego finalmente se quedó dormido. No sabe cuánto tiempo pasó, Max despertó sobre algo blando, se sentía tibio y algo lo cubría. Se dio cuenta que estaba en una cama y una gruesa cobija lo cubría.

Miró alrededor y estaba en una habitación cálida, con paredes azules y repisas con juguetes. De pronto se abrió la puerta y entró una señora con cabello rubio que lo miró con una tierna sonrisa.

Ella le contó que lo había encontrado en el parque esa noche fría, su esposo y ella lo llevaron a casa y un médico lo revisó. Este dijo que tenía neumonía y estaba muy grave. Así que ella lo cuido durante días, le dieron medicina y ya estaba mucho mejor.

Max un poco desconcertado le preguntó porque lo había ayudado y la señora respondió:

  • Hace muchos años estuve embarazada, iba a tener un niño. Estaba muy muy feliz por comenzar una familia. Pero luego tuve un accidente en auto y perdía al bebé, tampoco pude tener más hijos. Siempre soñé con tener un hijo y ese día que te vi en la banca pensé que si mi hijo estuviera vivo tendría tu edad. No era justo que estuvieras allí solo sin nadie más. Te traje a casa y te cuidé porque todo el mundo merece ser amado.

Max lloró un poco, conmovido con la historia y porque no podía creer que alguien hubiera querido ayudarlo simplemente porque quería. Allí estuvo por algunas semanas recuperándose y cada vez sentía más afecto por la señora y su esposo. Cuando estuvo bien, le preguntaron si quería quedarse. Ellos comenzarían algunos trámites para adoptarlo.

Max nunca fue más feliz. Tuvo la familia que soñó y el amor que tanto deseaba. Cada noche sigue mirando las estrellas pero esta vez solo quiere agradecer por haber cumplido su deseo.

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