Cuentos para Niños: Las niñas y el dueño de la luz

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Erase una vez un mundo muy parecido a nuestro planeta Tierra: había ríos, montañas, valles, animales, insectos que picaban y aves que volaban por los cielos. Había gente que se levantaba por la mañana, comía y mandaban a dormir temprano a los niños y a las niñas. Era un mundo muy, muy parecido a este en el cual vivimos, pero había una sola y gran diferencia: todos vivían a oscuras porque no tenían un sol.

La gente tenía que sembrar las plantas y recoger la cosecha solamente con la luz de la luna, y, cuando esta se escondía o cuando el cielo se nublaba, todos se quedaban muy quietos, pues en la completa oscuridad podían pisar un hueco y caerse o podían meterse en el río sin darse cuenta. Después de un tiempo, descubrieron que podían hacer fuego que ardiera en la madera y, de esta manera, se alumbraban mientras realizaban las tareas de cada día. Sin embargo, cuando llovía, el fuego se extinguía y, como la lluvia cae de las nubes que tapan la luna, volvían a quedar a oscuras.

Un día un hombre de la tribu de los indígenas Warao, escuchó que había un hombre que vivía más allá de donde empezaba el río Orinoco que era dueño de una gran esfera de luz que no se apagaba con la lluvia ni era tapada por las nubes y mandó a sus hijas a buscarlo. Les ordenó que lo encontraran y que le pidieran que lanzara la esfera de luz hacia el cielo para que los alumbrara a todos.

Las niñas hicieron caso a su padre, encontraron al muchacho dueño de la luz y este, siguiendo su consejo, lanzó la esfera al cielo con todas sus fuerzas, donde quedó gravitando alrededor del planeta, dando origen a la diferencia entre el día y la noche.

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