El Elefante y el Ratón

elefante y el raton

Gondo era un elefante solitario pero feliz. Cada día salía a pasear por la sabana y tras comer y beber agua se acostaba a dormir.

Uno de esos días mientras él dormía, un par de ratoncitos se encontraban jugando por sus alrededores. Los ratoncitos decidieron jugar a las escondidas y empezaron a contar. Uno de los ratoncitos, quien siempre perdía en las escondidas, vio a Gondo y se le ocurrió que sería una buena idea esconderse tras las orejas del elefante, dijo:

—A nadie se le ocurrirá buscarme en tras las orejas del elefante. Nadie me encontrará.

Y se escondió. Lo que no se imaginaba el ratoncito es que Gondo se despertaría con su presencia. El elefante despertó muy pero muy molesto pues habían perturbado su sueño, y con su pata pisó la cola del ratoncito.

—¿Qué haces tú aquí, ratón? Voy a aplastarte con mi pata para que aprendas y no vuelvas a perturbar mi sueño.

El ratoncito, muy asustado por que el elefante lo lastimaría, comenzó a llorar desconsolado pidiendo piedad al elefante.

—Por favor elefante, no te enojes conmigo. Si tú me perdonas la vida yo te deberé un favor.

—Te soltare porque me das lástima, pero no porque me debas un favor. ¿Cómo podría un ratón tan insignificante hacer algo por mí? —dijo Gondo.

Así fue como el elefante soltó al ratón. Semanas después, el ratoncito jugaba con sus amigos y se percató de que Gondo ya tenía dos días que sin dormir en su lugar acostumbrado, así que decidió salir a buscarlo. El ratoncito encontró a Gondo muy débil encerrado en una red de cazador, así que se puso a roer las cuerdas para liberarlo. Cuando Gondo se dio cuenta de que el ratón le había ayudado para liberarse, le quedó sinceramente agradecido.

Moraleja: no hay que juzgar lo que puede hacer una persona por su apariencia o su tamaño.

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