Hansel y Gretel

Érase una vez dos hermanos algo desobedientes y rebeldes llamados Hansel (el chico) y Gretel (la chica). Sus padres les insistían en que andar solos por el bosque era muy peligroso, ya que las brujas podían estar acechando tras cada árbol.

Pero Hansel y Gretel no hacían caso a sus padres. Creían que todo era una mentira para no dejarles divertirse. Así que de vez en cuando se escapaban del cole y corrían hacia el bosque para descubrir caminos secretos y lugares mágicos para ellos.

Una tarde soleada Hansel y Gretel estaban haciendo de las suyas. Habían decidido llegar hasta lo más profundo del bosque y se pusieron a caminar entre árboles y maleza todo lo que pudieron, hasta que se encontraron un claro.

Un claro es una zona llana, sin árboles donde suelen vivir seres de fantasía como las hadas y los duendes. Por esta razón, Hansel y Gretel se entusiasmaron sobremanera de haber encontrado algo así.

De repente, un gritó les despertó de su ensimismamiento.

“Venid aquí, ¡corred, venid!” – Una mujer hermosa había aparecido de lo que parecía una casita ¡hecha de chocolate! Y les gritaba con urgencia. – “¡Daros prisa, en este bosque hay brujas muy peligrosas, en mi casa estaréis seguros!”

cuento de hansel y gretel

Los niños se miraron sorprendidos. Al parecer sus padres les decían la verdad. La mujer hermosa parecía de confianza y la casita de chocolate era muy apetecible, así que corrieron dentro junto con ella para salvarse lo antes posible.

Grave error.

Una vez dentro, la mujer hermosa entró con ellos y cerró la puerta tras ella. El interior era completamente diferente a lo que esperaban. Una casa destartalada con telarañas, un olor desagradable que se impregnaba en la ropa y una caldera en medio de todo.

Los pequeños se dieron la vuelta buscando respuestas… o la puerta, para escapar, pero delante de ellos la que fuera una mujer bonita se había mostrado en su verdadera forma, una horrible bruja anciana que les sonreía malevolente. Eran sus prisioneros.

Pasaron 2 meses encerrados en jaulas, sobre todo el pobre Hansel al que atiborraba de grasa y chucherías todo lo posible y que había engordado considerablemente. Gretel no comía tanto, aunque muchas veces la malvada bruja la obligaba. Ante su constante búsqueda de problemas, la chica era obligada a limpiar la casa de la bruja y hacer tareas pesadas y muy dificultosas para ella. En ocasiones, encerrados en su jaula, la bruja les obligaba a mostrarles el brazo para medir si ya estaban bastante rechonchos… ¡quería comérselos!

Gretel había ideado un inteligente plan. Se había hecho con un delgado palo de madera que le mostraba a la vieja bruja, quien no se veía muy bien debido a la edad y prácticamente no distinguía nada de lo que tenía delante de sus ojos. Precisamente el sacrificio con los niños le devolvería su juventud y hermosura de forma indefinida.

Pero una vez a Hansel se le olvidó sacar el palo y la bruja, al tocarle su rechoncho brazo, exclamó de júbilo:

“¡Por fin, ya estás suficientemente gordito, a ti te como hoy!”

La bruja sacó rápidamente a Hansel y encendió la caldera dispuesta a preparar su “comida”. Gretel se alarmó al comprobar que su hermano iba a ser cocinado en breve. Por suerte, la pequeña estaba en ese momento limpiando la terrible estancia de la bruja y tenía una escoba en su poder.

Esperó hasta que la malvada vieja medio ciega se acercó donde estaba ella y aprovechó rápidamente para darle un escobazo en todo su enorme trasero y empujarla a la caldera hirviendo. Gretel lo consiguió y la malvada bruja cayó en el aceite y el caldo hirviendo y los niños corrieron hacia la puerta para escapar. Pero Gretel no quería que otros niños sufrieran como ellos. Por eso cogió la escoba con la que había empujado a la bruja y la acercó a una de las pocas antorchas que alumbraban la horrible estancia, prendió la parte más seca y comenzó a incendiar cada parte de la casa, justo cuando la bruja comenzaba a recuperarse del susto y se disponía a salir de la caldera.

Los niños salieron corriendo de la casa en el momento en el que ésta comenzaba a arder completamente, con la malvada bruja dentro, que veía cómo el falso chocolate que la adornaba por fuera se le derretía junto con las vigas de madera encima de ella.

Hansel y Gretel corrieron a casa con sus padres, que se alegraron mucho de verles sanos y a salvo y descubrieron, desde entonces, que nunca más les desobedecieron porque aprendieron la lección de que las normas de los padres eran, únicamente, por su seguridad.

Vivieron felices y comieron abundantemente todo lo que quisieron, excepto chocolate, que nunca volvieron a probar.

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