Cuento infantil: Colores

 

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Había una vez un pequeño pingüino bebé que vivía en un mundo a blanco y negro. La blanca nieve rodeaba su alrededor y las noches frías oscurecían todo al punto en que casi no podía ver. Las noches parecían eternas. Él constantemente se sentía solo, porque aún cuando no conocía algo mejor que eso y su familia lo desanimaba, él sabía que había algo más que el brillante blanco de la nieve y el frio y oscuro negro de las interminables noches en este mundo.

Un día el pequeño pingüino se decidió a buscar eso que tanto ansiaba. Eso que trascendía lo monocromático. Tomó un bolsito con comida y se fue a su campaña. En el camino, y ya muy lejano a su casa, el pequeño pingüino se consiguió a un mágico conejo durmiendo recostado de un árbol, cuyo alrededor estaba repleto de colores.

El pequeño pingüino jamás había visto en su vida otro color que el blanco y el negro antes y ahora estaba viendo demasiados colores al mismo tiempo. Nunca había visto tantos estímulos visuales en su vida. Por eso, el pingüino decidió que era buena idea despertar al conejo para pedirle ser su amigo. Cuando este se reincorporó aceptó la propuesta de amistad de su monocromático amigo, y en respuesta, el conejo decide que va a colorearlo.

El pequeño pingüino estaba flipando de la emoción y muy agradecido. El conejo incluso le dio sus colores y le dijo que el mundo puede ser blanco y negro solo si él quisiera que lo fuera, y que en cualquier momento podía cambiarlo y hacerlo más colorido.

Él pingüino preguntó por un pago por el regalo. El conejo le dice que eran suyos todo este tiempo. Entonces el conejo mágico tomó su corazón, tomó un trozo y se lo regaló al pingüino para que así él tuviera una parte de él siempre en tiempos de necesidad. Luego se desapareció dejando a su nuevo amigo atrás.

El pingüino tomó el trozo de corazón y lo puso junto al suyo dentro de él, y sintió por primera vez lo que era un latido de corazón de verdad. Entonces prometió hacer que todos los mundos de los otros fueran coloridos. Tomó sus colores de vuelta para llevarlos a su mundo blanco y negro, y que le sirviera de recordatorio de lo miserable que es la vida sin colores, y la tristeza que tenía antes de conocer al conejo mágico.

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