Cuento Infantil: Nunca dejes de soñar

 

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Lobito era un perro cariñoso y juguetón. Vivía en una casa con un humano desde que nació. A penas podía recordar a su mamá, solo sabía que cuando él era muy pequeño el amo se la llevo en su gran auto un día y ya no regresaron. Cada día quería vivir nuevas aventuras, pero su amo nunca le prestaba atención.

A veces su pancita le dolía mucho y sentía tanta hambre, así que decidía buscar algo de comer en los botes que colocaban fuera de casa. Pero cada vez que lo hacía el amo se molestaba, le gritaba y un día tomo un cepillo le pego fuerte en su lomo. El dolor recorrió su cuerpo durante días y aun así lobito le movía a su amo la cola cada vez que lo veía.

Un día su amo salió de cada y no volvió por la noche. Pasaron varios días y tampoco regresó. El hambre se apoderó de su pancita, así que a pesar que sabía que al amo no le gustaba, revisó los botes que estaban fuera de la casa por algo de comer.

Al día siguiente llegó el amo muy enojado. Lo miró y comenzó a gritarle por revisar los botes de nuevo. Se acercó a el y le pateo las costillas. Lobito lloró y chilló y se escondió en un rincón. Después de un rato el amo lo llamo con un poco de comida en su mano, tenía tanta hambre que fue corriendo pero el amo lo tomo por sus patas delanteras y lo amarró. Luego lo sujetó al auto, se subió y lo encendió.

El auto comenzó a andar y lobito trato de correr pero cada vez iba más rápido y sin poder soltarse. Ladró y ladró pero el amo no se detuvo. Comenzó a sentir mucho dolor en sus piernas traseras, tanto que era insoportable. Cuando el auto al fin se detuvo ya no podía moverse. El amo lo soltó y lo dejó allí en medio de un pueblo.

Como pudo se arrastró a una acera y allí permaneció por varios días. Algunos pasaban y le daban algo de comer. Cuando el dolor fue pasando se puso de pie, pero ya no podía caminar igual, cojeaba un poco.

Un señor lo miró y llamó pero lobito no quiso ir porque tenía miedo. Luego el señor se acerco con un plato de comida y se lo ofreció. Comió hasta que estuvo lleno, por primera vez en mucho tiempo. Estaba feliz. Cada día el mismo señor iba y le daba más comida.

Un día el señor lo invitó a seguirlo. Aunque tenía miedo lo hizo. Llegaron a una casa grande con un jardín muy lindo, y estaba un niño jugando. El señor lo llamó y le dijo:

  • Víctor te presento a Lobito, el es nuestra nueva mascota.

Víctor comenzó a saltar de felicidad y luego abrazó a lobito. Nunca antes lo habían abrazado. Estaba feliz.

Cada día se levantaba y Víctor lo invitaba a vivir aventuras con él. Siempre tenía comida y por fin supo que los amos también daban mucho amor. Lobito estaba feliz.

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