Cuento Infantil: El pastel mágico

 

cuento infantil El pastel mágico

Lucía era una niña muy extrovertida, juguetona y feliz. Vivía con su mamá en un pueblo pequeño e iba a la escuela con muchos amigos. Su mamá tenía una tienda de pasteles que todos adoraban. Cada día la tienda se llenaba de gente para comprar los ricos pastelillos que su mamá hacía desde muy temprano con mucho amor.

Durante años la tienda de pasteles era un gran éxito y Lucía y su mamá no tenían problemas de dinero. Pero en los últimos meses ya no iba mucha gente a la tienda y las deudas estaban comenzando a acumularse. La mamá de Lucía le dijo un día que debían vender algunas de sus cosas para poder pagarle al banco lo que le debía.

Lucía no entendía porque si la tienda era tan popular, de pronto tenían suerte si iban algunos clientes al día. Su mamá le contó que el país estaba pasando por problemas económicos y que la crisis estaba llegando al pequeño pueblo, por lo tanto algunos negocios estaban afectados, entre ellos la pastelería de su mamá.

Lucía estaba muy triste, sabía que su mamá adoraba hacer pasteles y amaba mucho más cuando la gente los compraba y decían que estaban deliciosos, pero hacía tiempo que eso no sucedía.

Un día la mamá de Lucía le dijo que tendría que cerrar definitivamente la pastelería y decían mudarse a un pequeño apartamento. Ya nunca podría hacer pasteles, pues debía conseguir otro trabajo. Lucía comenzó a llorar y se fue a su cuarto con mucha tristeza en su corazón, no quería ver a su mamá haciendo algo que no amaba.

Esa noche casi no pudo dormir, se levantó muy temprano y fue a la cocina. Quería preparar un pastelillo para alegrar a su mamá. Tomó los ingredientes y comenzó a mezclar, mientras lo hacía vio una foto que estaba en la nevera. Eran ella y su mamá haciendo un delicioso pastel de cumpleaños, estaban cubiertas de harina pero tenían una gran sonrisa.

Lucía comenzó a llorar y algunas lágrimas cayeron en la mezcla del pastel. Mientras removía todo, Lucía deseo con todo su corazón que las cosas mejoraran, que su madre abriera de nuevo la pastelería y fuera de nuevo muy feliz.

Cuando el pastelillo estuvo listo lo llevó al cuarto de su mamá y le dijo que nunca perdiera su pasión por hornear. Su mamá lloro un poco y le dio un beso enorme a Lucía. Le dijo que tenía fe en que todo mejoraría un día. Comieron el pastelito y rieron juntas como antes.

Unos días después cuando iban a entregar la tienda al banco, llegó una mujer pidiendo una gran orden de pasteles para una fiesta. Para aprovechar el dinero la mamá de Lucía lo hizo. Luego la mujer regresó agradecida y con 3 de sus amigas que también querían ordenar pasteles. Con ese dinero pagaron al banco la deuda y conservaron la pastelería.

Así llegaron cada vez más clientes y el negocio se hizo más próspero que antes. Lucía entendió que si deseabas algo con mucha fuerza se podía cumplir. Así que cada vez que quería algo, horneaba un pastelillo y comía con su mamá.

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