La Bella y la Bestia

 

Érase una vez un padre ya casi anciano, que tenía varias hijas, siendo la primogénita la que más cuidaba de él. Una vez tuvo que hacer un largo trayecto en caballo y su hija mayor le pidió que, por favor, tuviese cuidado y se acordase de ella y de sus hermanas.

El padre no sólo le hizo la promesa sino que además lo demostraría llevándole una rosa. Dicho esto, partió hacia su destino.

La nieve y el frío hicieron mella en el anciano viajero y apenas consiguió sobrevivir si no hubiese sido por un misterioso castillo que encontró cerca de su camino. Acudió a su puerta a pedir ayuda, pero nadie parecía habitar en él. Era como si estuviese vacío. Como la puerta estaba abierta, entró. Descubrió una mesa preparada para cenar, muebles cuidados, la chimenea encendida… Estaba claro que allí vivía alguien, pero por alguna razón no se dignaba a salir (o no se atrevía por timidez, como pensó el viajero).

Cansado por tan largo trayecto, comió un poco para reponer fuerzas y se recostó en un asiento cercano, esperando que alguien acudiera a darle la bienvenida, pero no llegó nadie y se quedó dormido.

Al día siguiente se despertó y encontró todo recogido. Era bien entrada la mañana y él seguía sin ver a nadie. Sin embargo, una muda de ropa limpia, justo de su medida, estaba colocada pulcramente a su lado. Como iba calado hasta los huesos, se cambió y agradeció la comodidad de una nueva ropa totalmente seca.

Salió al jardín del castillo y se dispuso a marchar, cuando un rosal llamó su atención. Recordando la promesa a sus hijas, se agachó y cortó unas pocas para llevárselas.

De repente, una feroz fiera apareció entre los rosales. Por poco le mata el susto, pero creyó que pronto lo harían las garras de la bestia. Sin embargo, ésta habló.

“¡¡Te doy hospitalidad, comida y una ropa limpia y me agradeces robando en mi jardín!!”

“Discúlpeme señor, agradezco mucho la hospitalidad recibida, pero sólo quería llevar unas rosas que había prometido a mis hijas”, le intentó explicar el padre temeroso.

La bestia aceptó la disculpa pero solicitó que a cambio su hija más mayor acudiese al menos una semana a vivir con él, como agradecimiento por todo lo brindado, así como por perdonarle la vida.

El padre aceptó y convenció a su querida hija mayor de que cumpliera la promesa. Ésta al principio fue con el miedo traicionando sus piernas, pero cuando llegó se sorprendió de ver lo amable y atento que era la bestia anfitriona que, además, llevaba un traje de la nobleza en lugar de ir desnudo.

En lugar de personal de servicio, unos fantasmas atendían todas las necesidades, preparaban la cena, la comida, los vestidos de la joven… Como ésta se negó a decir su verdadero nombre, la bestia la comenzó a llamar Bella, por su hermosura y atractivo. Charlaban todas las noches y las primeras torpes conversaciones fueron convirtiéndose en animadas veladas a la luz de la chimenea o en los jardines del castillo cuando hacía buen tiempo. Los días fueron pasando y Bella cada vez se encontraba más a gusto con la bestia. Tanto es así que decidió no marcharse a la semana, sino que estuvo hasta un mes entero disfrutando de la compañía de su anfitrión.

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Con noticias de su padre enfermo, la muchacha volvió a casa con su familia, no sin antes prometerle a la bestia que volvería lo antes posible. Y cumplió su promesa, pero quizás demasiado tarde porque cuando su padre se recuperó de una grave enfermedad y Bella regresó a ver a la bestia, ésta estaba moribunda en la cama. Según le dijo el personal fantasmagórico, había ido perdiendo su vitalidad desde que ella marchó y hacía dos días que no se levantaba de la cama. Ahora apenas respiraba sin dificultad.

Bella se inclinó apesadumbrada y le besó, confesando que estaba enamorada, sin importarle su aspecto exterior. Entonces un milagro sucedió y la bestia se convirtió en un apuesto príncipe, lleno de vitalidad, felicidad y amor por Bella. Él le explicó que una malvada bruja lo había condenado a ser una bestia, que cuando encontrase el amor moriría si no era correspondido. Por suerte, Bella no le falló y superó incluso el miedo de su aspecto externo y fue así como se salvaron ambos, además de todo el personal de servicio que volvió a su forma humana, la pareja comenzó su vida como enamorados y llenaron el jardín de rosas, simbolizando el motivo de su encuentro.

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