La Tortuga y la Liebre

 

Érase una vez en un bosque mágico, los animales que vivían en él eran unos auténticos forofos del deporte. Estos animales hablaban, andaban, corrían y jugaban. Pero, sobre todo, les encantaba celebrar actividades deportivas.

El rey de todos los atletas era la Liebre Vanidosa, una veloz liebre capaz de correr más rápido que el sonido. Era considerada el animal más valioso de todo el bosque porque nadie conseguía alcanzarla. Sin embargo, la Liebre Vanidosa era también la más orgullosa. Se jactaba de su superioridad y se burlaba de aquellos que no podían llegar a su nivel.

Esto no era un obstáculo para que todos los animales la adorasen y celebrasen por todo lo alto cualquier victoria que pudiera obtener. Hacían fiestas en su honor, grandes banquetes en la plaza del bosque y tocaban música hasta altas horas de la noche, cuando las gallinas de un campo cercano se quejaban porque ya iba a comenzar el día y no habían podido dormir.

Todos los animales eran grandes atletas, menos uno. La Tortuga Lentorra. Esta tortuga, un galápago jovenzuelo (apenas 250 años) no destacaba en ningún deporte y era tan lenta que el mero hecho de intentarlo suponía una gran pérdida de tiempo para los espectadores.

Una tarde en la que estaban celebrando una nueva victoria de Liebre Veloz, Totuga Lentorra apareció por allí y, como siempre, la liebre no desechó la oportunidad de burlarse de ella.

“Tortuga Lentorra, ¿qué haces tú aquí? Deberías volver a casa a ver si llegas antes de que pase la primavera”, le dijo Liebre Veloz, ante la mirada y las risas de todos los asistentes.

“No sé de qué te enorgulleces tanto, yo misma podría ganarte en una carrera” le retó Tortuga Lentorra.

Todos los animales del bosque, congregados en la fiesta en honor a Liebre Veloz, se quedaron enmudecidos. El reto era tan atrevido que no podían creerse que Tortuga Lentorra lo hubiera dicho en serio, pero así fue.

“Muy bien, acepto el reto, si es que se le puede llamar así. No hay nada de misterio en ganarte en una carrera. De hecho, tras ganarte celebraremos la fiesta más grande de este bosque y conmemoraremos ese día todos los años, con una condición, si yo gano, tú te marchas del bosque”, le contestó burlonamente Liebre Veloz.

La tortuga aceptó sin reparo y, lentamente, regresó a su casa.

Al día siguiente todo el bosque esperaba con gran expectación la carrera. Habían preparado todo para la celebración victoriosa de Liebre Veloz. Músicos de todos los bosques cercanos habían venido para ofrecer una fiesta interminable y grandiosa. El bosque entero había sido engalanado con adornos de todo tipo y casetas de juego, diversión y comida. Iba a ser la fiesta más grande de todas.

Liebre Veloz y Tortuga Lentorra se pusieron en la línea de salida. Cuando llegó el sonido del inicio de la carrera, Liebre Veloz salió despedida, más rápida que nunca. Y Tortuga Lentorra daba pasos lentos, casi perezosos, hacia la línea de meta.

Tan grande era la ventaja sobre su rival, que Liebre Veloz volvió hacia atrás antes de cruzar la meta y le dijo a Tortuga Lentorra:

“Estoy tan segura de que te voy a ganar, que vamos a celebrar ya la fiesta de la victoria y más tarde ya cruzaré la meta”

Dicho esto todos los animales del bosque se fueron a celebrar el inminente triunfo de Liebre Veloz. Mientras tanto, Tortuga Lentorra apenas daba unos pasos cada cinco minutos, su velocidad era similar a la de un caracol.

La fiesta duró toda la noche. Animales de bosques vecinos acudieron ante la expectación que causaba todo el alboroto de música, gritos, baile y diversión a unos niveles que nunca antes habían llegado. Estaban totalmente exaltados por un triunfo tan aplastante, el más fácil con diferencia que había podido lograr Liebre Veloz, era un nuevo récord.

Justo antes del amanecer, todos los habitantes volvieron a la línea de meta, donde esperaban ver cruzar a Liebre Veloz por fin. Pero cuando llegaron vieron a lo lejos a Tortuga Lentorra a sólo un paso de la meta. ¡Habían estado horas de fiesta sin acordarse del rival de la carrera! Liebre Veloz corrió más rápido que nunca, pero fue inútil. Tortuga Lentorra podía ser lenta, pero no estaba nunca parada y dio el último paso coronándose con ello vencedora de la carrera.

cuento de la tortuga y la liebre1

Todos los animales, incluida Liebre Veloz, fueron incapaces de salir de su asombro. Tortuga Lentorra los miró y dijo:

“He ganado. Me voy a casa. Buenas noches.”

Tras lo cual, dio media vuelta y anduvo, lenta y pesadamente, hacia su casa. Nunca más celebraron fiestas en el bosque que ensalzaran a unos animales frente a otros y Liebre Veloz se retiró de la competición para siempre.

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